Cambio climático, calor precoz y convivencia
El cambio climático ha dejado de ser una advertencia lejana. En este mes de mayo de 2026 lo hemos sentido en la piel, en las calles, en las casas, en los cuerpos vulnerables y en la vida cotidiana. Europa occidental ha vivido un episodio de calor excepcionalmente precoz, con temperaturas más propias de pleno verano que de finales de primavera. En España se han previsto máximas cercanas a los 38-40 ºC en algunas zonas, mientras Francia, el Reino Unido e Irlanda han batido récords de temperatura para mayo. Francia incluso ha activado su sistema nacional de alerta por calor por primera vez desde su creación en 2004.
Este calor temprano no es solo una anomalía meteorológica. Es una señal social, sanitaria y cultural. Cuando el verano se adelanta, también se adelantan los riesgos: golpes de calor, noches tropicales, estrés hídrico, incendios, pérdida de productividad, dificultad para estudiar, trabajar o cuidar a las personas mayores. La Agencia Estatal de Meteorología ya advertía que la segunda mitad de mayo sería más cálida de lo normal, con posibilidad de noches tropicales en la mitad sur de España.
El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, adquiere así una relevancia particular. No se trata únicamente de celebrar la naturaleza, sino de comprender que nuestra relación con el planeta condiciona directamente nuestra capacidad de convivir. La convivencia no puede limitarse a las relaciones entre culturas, religiones o comunidades humanas. Debe incluir también nuestra relación con la Tierra, con el agua, con la energía, con los límites físicos que hacen posible la vida en común.
En una reflexión reciente publicada en LinkedIn, el economista francés Jean-Marc Jancovici recordaba que la crisis climática y la crisis energética están profundamente conectadas. Nuestras sociedades dependen todavía de una energía fósil abundante, barata y aparentemente disponible. Pero esa dependencia genera una gran fragilidad: geopolítica, económica, social y ambiental. El calor precoz de mayo nos recuerda que no estamos ante un debate abstracto, sino ante una transformación acelerada de nuestras condiciones de vida.
Por eso, el cambio climático será el primer tema abordado en el II Foro de Córdoba, Foro Mundial de la Convivencia. Porque no puede haber paz duradera en sociedades sometidas a estrés climático. No puede haber justicia social cuando los más vulnerables, niños, personas mayores, trabajadores expuestos, personas con menos recursos, sufren primero y con más intensidad los efectos del calor extremo. No puede haber diálogo posible si los territorios compiten por recursos cada vez más escasos.
Córdoba, ciudad de memoria y encuentro, puede aportar a este debate una idea esencial: convivir es aprender a habitar juntos. Habitar juntos una ciudad, una cultura, una historia, pero también una atmósfera, un clima y una casa común. El calor prematuro de mayo de 2026 debe entenderse como una llamada de atención. La transición ecológica no es una opción ideológica: es una condición de la convivencia. Cuidar el clima es cuidar la salud, la justicia, la paz y nuestro futuro compartido.
