Intricate stonework entrance of a Roman Catholic cathedral in Córdoba, Spain.

Europa, última oportunidad

José Luis García Clavero,
Patrono de la Fundación Paradigma Córdoba para la Convivencia.

Una llamada de atención del ex-primer ministro italiano Enrico Letta a la UE en el libro del mismo título. E. Letta ha sido encargado de redactar un informe, a instancias de la Comisión Europea, ante la complejidad de la situación geopolítica actual; un estudio previo que sirve de cuerpo teórico al libro.

Para Enrico Letta, al igual que para Draghi, Nick Clegg o Josep Borrell, casi todos presentes en los debates organizados por el Hay Festival Segovia 2025, a iniciativa del Instituto de Empresa, la situación de la UE es una situación límite.

Para ellos, que son los mejores cerebros de su generación y combinan un CV impresionante tanto político, académico, o como hombres que han dirigido instituciones económicas y grandes corporaciones, «ahora es el momento de actuar» (palabras textuales del libro de E. L.). Ahora tenemos la última oportunidad. Porque nunca como ahora la inercia significa decadencia. Y la decadencia nos llevará simplemente a preguntarnos como países europeos, si queremos ser una colonia estadounidense o china.

Y ello, según el autor, se ha puesto de manifiesto en la guerra de Ucrania, que ha evidenciado una triple dependencia para la UE: dependencia energética con Rusia, dependencia militar con EE. UU. y dependencia industrial de China, ese coloso que produce el 30 por ciento de la producción mundial.

Para Letta, como en la canción, los tiempos han cambiado: ya no estamos en el mundo de los años 50, de una UE fundacional mediante el Tratado de Roma con sus cuatro libertades (mercancía, servicios, personas y capitales), ni en el mundo del 89, cuando cayó el muro de Berlín y algún que otro teórico imaginó el “fin de la Historia”. A esas cuatro libertades habría que añadir otras cuatro, y el tiempo nos acucia: en el conocimiento o investigación de tecnologías digitales, en las finanzas, en la defensa y en la energía.

Para el político italiano, hay que invertir mucho más en innovación. Él se pregunta en su libro qué fue de Nokia y Ericsson, y aclara que en innovación y en telecomunicaciones el mercado no puede ser solo nacional y fragmentado, porque manda la economía de escala. Ha habido una fallida revolución ante nosotros mismos, y las empresas comunitarias no son pioneras en 5G. Mientras que los operadores telefónicos en Europa, unos 100, tienen una media de 4-5 millones de usuarios (solo en Alemania hay 17 operadores), en EEUU hay solo tres que operan para casi 107 millones de personas, y en China igual, con casi 467 millones. ¿Se puede competir? ¿Se puede innovar en un área puntera, frente a esos colosos tecnológicos, con tal fragmentación?

Y en las finanzas sucede casi lo mismo, pues estas se eliminaron del mercado único; además, el Brexit privó a la UE de Londres, que era su capital financiera; y urge en este sector maniobrar para que, a consecuencia de una legislación retardataria, 300.000 millones de euros de ahorros europeos no se queden en el continente por la escasa eficacia de nuestro mercado financiero. Como sucede en el terreno de las tarjetas de crédito (p.ej., Visa, MasterCard, American Express), la mayoría de ellas americanas, con el control de millones de datos. ¿Es que, acaso, no podemos conseguir una tarjeta de crédito comunitaria? ¿Tan difícil es para 450 millones de europeos, que representan el 17 por ciento del PIB mundial?

También consideran urgente, ¡¡¡y ya!!!, el autor y los convocados a las jornadas segovianas impulsar una industria de defensa europea y no dependiente de otros países. Un dato esclarecedor en el libro de Enrico: la UE ha gastado en Ucrania 150.000 millones de euros, igual que EEUU, aunque según Josep Borrell es el doble; pues bien, el 80 por ciento han sido adquisiciones a la industria militar americana, a las empresas americanas, ya que la europea no está desarrollada. Y esa dependencia militar arrastra a la soberanía política y a las decisiones económicas, como se ha puesto de manifiesto en el conflicto de los aranceles. Otro dato igualmente esclarecedor que suministró Borrell en las jornadas segovianas: la UE gasta cuatro veces más que Rusia en defensa, pero en la UE hay 27 ejércitos y en Rusia solo uno.

Y, por último, para el italiano hay que cambiar, y para ello es necesaria voluntad política, en el sistema de decisiones europeas: China y EE. UU. hablan por todos con una sola voz. Europa tiene una mayor complejidad en esa adopción de decisiones, que del corsé de la unanimidad hay que modificar por mayorías cualificadas; como también una excesiva regulación legislativa y reglamentaria y su consiguiente fragmentación, que habría que sustituir por una regulación supracomunitaria (la 28) que esté por encima de las nacionales para dar mayor agilidad a las empresas, y no un corsé inútil. Legislar para crear condiciones para la innovación, no obstáculos burocráticos y reglamentarios.

En fin, estas son las ideas, reformas (Draghi) y alternativas que están sobre la mesa sobre el porvenir de la UE, y sobre las que habrán de decidir los políticos y ciudadanos comunitarios. Repetimos: una llamada de atención de un libro imprescindible, que esperamos no caiga en saco roto. El tiempo apremia, y la historia no espera.

Córdoba, 18 de septiembre de 2025

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *