Olas de calor, súper El Niño y Convivencia
Aprender a vivir juntos en un clima cambiante
Las excepcionales olas de calor que han afectado a Europa ya en mayo y junio de 2026 constituyen, probablemente, un punto de inflexión. Incluso antes del comienzo del verano, varias regiones mediterráneas registraron temperaturas récord, mientras los climatólogos hablan ya de la llegada de un súper El Niño, un fenómeno que podría intensificar aún más las alteraciones climáticas a escala mundial durante los próximos meses.
Ante esta realidad, el debate está cambiando de naturaleza. Durante décadas, las políticas climáticas se han centrado casi exclusivamente en la mitigación, es decir, en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este objetivo sigue siendo indispensable. Sin embargo, los acontecimientos recientes demuestran que ya no es suficiente. Debemos aprender también a adaptarnos a un clima que ya está cambiando. Como señalan actualmente numerosos responsables políticos e investigadores, la mitigación y la adaptación no son estrategias contrapuestas, sino dos respuestas complementarias a un mismo desafío.
El Mediterráneo se encuentra en primera línea. Las sequías más prolongadas, los incendios, la presión sobre los recursos hídricos, las islas de calor urbanas y las consecuencias para la agricultura, el patrimonio y el turismo afectan ya a todos los países ribereños. Ningún Estado podrá afrontar por sí solo estas transformaciones. Estas exigen una cooperación científica, económica y política de una nueva magnitud.
Es precisamente aquí donde la Convivencia adquiere todo su significado. No designa únicamente el hecho de vivir juntos a pesar de nuestras diferencias. Implica también nuestra capacidad para compartir un mismo territorio frente a riesgos comunes. El cambio climático nos obliga a replantear la solidaridad entre generaciones, entre ciudades y zonas rurales, entre las dos orillas del Mediterráneo, pero también entre los seres humanos y el mundo vivo.
Esta evolución afecta directamente al turismo. Los destinos mediterráneos deberán adaptar sus infraestructuras, proteger a las poblaciones más vulnerables, incrementar los espacios verdes urbanos, preservar los recursos hídricos y desarrollar nuevas formas de movilidad y acogida. Pero, sobre todo, deberán hacer evolucionar su modelo de desarrollo. El turismo responsable ya no consiste únicamente en reducir su impacto ambiental; se convierte en una herramienta para educar, sensibilizar y acercar a los visitantes a las realidades ecológicas y humanas de los territorios que descubren.
Córdoba tiene una responsabilidad especial en esta reflexión. Ciudad del Guadalquivir y heredera de una larga tradición de diálogo entre culturas, puede contribuir a impulsar una visión mediterránea en la que la adaptación al cambio climático sea también un proyecto cultural y ciudadano. Con la vista puesta en 2027, año en que Córdoba será Capital Mediterránea de la Cultura y del Diálogo, el II Foro de Córdoba, Foro Mundial de la Convivencia desea situar esta cuestión en el centro de sus trabajos.
El verdadero desafío no consiste únicamente en sobrevivir a las próximas olas de calor. Consiste en construir sociedades capaces de afrontar unidas un futuro cada vez más incierto. La transición climática no será solamente tecnológica; será también profundamente humana. Cuanto más aumenten las temperaturas, más necesarias serán la cooperación y la Convivencia para construir un futuro común.
Robert Lanquar
